Y sin embargo,
estas son las verdaderas malas horas,
en las que ignoro a tu sombra que no se acostumbra a no recorrer la casa.
Y no resisto la tentación de recorrerla junto a ella,
de sentarnos a conversar sobre las fotos viejas,
de esa maldita afición por retratarte, por disfrutar
tus imágenes.
Y hoy descubro cuántas fotos tuyas
construyen mi camino,
cuántas veces te expuse al lente de mi cámara,
de cualquier cámara,
y descubro que mi afición por las fotografías
no es más que la afición de contemplar el paisaje
sereno de tu sonrisa,
de tus gestos,
de tu boca.
Y sin embargo aún,
no concibo cómo conciliar
esta situación de no quererte cerca,
de no necesitarte ya,
con las ganas de dibujar una vez más tu sonrisa.
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