LII
En realidad se vuelve más complejo de lo que uno cree. El becerro de oro se consume ante miradas inexplicables y cuando se cruzan las direcciones, uno empieza a temblar.
LIII
Llega el punto en donde nos reflejamos en el silencio y nos damos cuenta que sufrimos del mismo silencio patológico.
LIV
Primero está rehacer, luego, si nos queda tiempo, aprender.