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Sin embargo, llegan esas noches, siempre llegan esas noches en las que busco una noticia suya en mi cabeza. Pero de una forma mecánica, como acostumbrado a jugar un juego que solo yo conozco.
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Lo terrible de los juegos solitarios, es cuando se descubre que se juega solo; y que las pistas, las claves no son más que buscar formas y designios sagrados en las estrellas.
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Ahora bien, es más extraño despertar una noche y mirarse en el reflejo de una fotografía suya. Mirar un paisaje que parece lejano, siendo vida tan palpable, silencio-aguas-subterráneas.
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